Bicibriconsejo del jueves.

Esa manía de tu abuela, de enviarte siempre con “la muestra” cuando ibas a comprar algo complicado: bombillas, agujas, clavos,… se descubre especialmente interesante cuando vas a comprar repuestos para la bici.

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Robiñera. 3.003 mts.

Aprovechando el verano (es decir, la disposición de las abuelas a hacer de canguros),  hicimos la segunda escapada del verano.

Esta vez el objetivo era el Robiñera, un tresmil bajito. Eclipsado por la cercana Munia, pero con mejores vistas.

La Munia, protegida por Comachibosa, al que otros llaman Vignemale.

Como la salida se hace desde la Fuente de Petramula (no pongo fotos, para que no os guste, que luego se llena de gente y es un asco), con su río y sus pocetas y sus marmotas, cogimos la furgo y preparamos un “confortable apartamento”.

El mundo evoluciona gracias a los vagos...

El ascenso está bastante bien señalizado, salvo que… al dejar el collado de los ibones de La Larri, nos encontramos el sol de cara, y eso nos llevó un poco a la derecha. Demasiado a la derecha, la verdad. (¿cómo, que ves una lectura política en esta frase? Deberías dejar de ver telediarios y salir más al monte.)

Cuando uno se equivoca, debe asumir sus errores, aunque sientas que desean matarte.

"Espera carnuz, espera, que en que te pille te vía dobla'l bastón en la lomera"

Y, tras un breve paseo por el gleral, y una cresta fácil, nos plantamos en la cima.

Al fondo el Perdido, delante el perdido...
Al fondo el Perdido, delante el perdido...

Como dice un amigo mío; ” no hay tresmil fácil”. Y, si lo hay, se complica.

Y, con esta excursión se termina la temporada de tresmiles de este verano. Que, si bien ha sido breve, ha resultado bastante más fructífera que el año pasado.

Más fotos, en el panoramio.

Destopiqueando.

Este domingo andaba con agujetas (¡esa falta de costumbre!) y recibí la pregunta habitual: ¿merece la pena?

Claro que merece la pena. Dormir bajo las estrellas. Abrir los ojos y ver el contorno de las montañas. La osa mayor encuadrada en el collado. Andar por la montaña sin nadie alrededor. Distinguir tu objetivo. Compartir la cena con la mejor compañía que puedes imaginar. Llegar a una cima en la que no hay nadie. Mirar alrededor. Mirar abajo. Descender. Sentir el cansancio. Buscar el mejor sitio para bajar. Beber agua. Quitarte las botas. Tomarte una cerveza. Mirar al punto donde estabas hace unas horas.

Merece la pena, pero es muy difícil de explicar. Y no pretendo que nadie lo entienda. Igual que yo no entiendo encerrarse en un estadio para ver como otros hacen deporte.

Al poco tiempo la conversación derivó hacia el accidente de Óscar. Y volvió a surgir la misma pregunta: “¿Merece la pena?”.

Y mi respuesta fue la misma: Sí, merece la pena. Merece la pena hollar una cima en la que nadie ha puesto los pies. Merece la pena el esfuerzo de aclimatación. Merece la pena escalar cerca de tus límites. Merece la pena compartir todo esto con un compañero. Merece la pena sentirse vivo.

Lo que no merece la pena es morir. La muerte está implicita en la vida. Y tan “inutil” es morir en una montaña, como en una carretera, o en accidente laboral, o en un encierro, o en una pelea discotequera.

Y no, nadie desea “morir en la montaña”, ni “descansa donde querría”.  Para empezar, no conozco a nadie que quiera morirse (ni los católicos, que tendrán una vida eterna mejor que la terrenal). Y todos pensamos lo mismo, morirnos muy mayores y, si puede ser, cerca de las montañas. Como Cassin. Pero, la estadística es funesta, y pierdes amigos en la montaña. También en accidentes de tráfico, o por enfermedad, pero esos números no parecen importantes a los ojos ajenos.

Y no, la montaña no es “asesina”, ni “cruel”, ni “se toma venganzas”. La montaña son sólo piedras, hielo, nieve, viento, frío… Puede ser dura, inaccesible, peligrosa, pero no tiene sentimientos, no piensa, no decide a su antojo quien vive o quien muere. La montaña ya estaba ahí antes de que nacieran nuestros abuelos, y perdurará cuando nuestros nietos ya hayan desaparecido. Somos nosotros los que tenemos que leer las condiciones, escalarla y llegar a la cima. Y, aún así, no la hemos vencido. Porque no hay pelea con la montaña. No es nuestra enemiga.

Y no, el rescate no lo vas a pagar tú, para eso se contratan seguros. Y, aunque tuvieras que pagarlo tú, seguro que costaría menos que las actuaciones en accidentes de tráfico, o que los multiples rescates que tiene que efectuar el GREIM a imbéciles (perdón, no quería insultar a nadie, debí decir gilipollas) que arriesgan más de lo que pueden. Y yo escuché a uno jactarse de “haber llamado al helicóptero porque las niñas y él estaban cansados”.  Eso es como impedir a un cirujano operar un corazón para curarte un catarro.

Y me jode que Corominas sea más conocido, y criticado, hoy por haber participado en un rescate fallido que por haber repetido la Magic Line y bajado por la normal.

Y no, ni entiendo de fútbol, ni de motos, ni de toros, ni me importa lo más mínimo, pero, de monte, un poquico sí.

PD: Para todos aquellos que escriben a, y en, los periódicos diciendo: “yo no escalo pero…”, les recomiendo una película: LÍMITE VERTICAL.

Después de verla, piensen dos cosas:

– A: los que salen son actores, que no se mueren de verdad, sólo hacen como que se mueren. Lo pueden comprobar buscando otras películas con los mismos actores.

– B: El argumento es ficción. Por eso los militares son amabilísimos, y hablan perfectamente el mismo idioma que los aventureros, y los helicópteros vuelan muy alto, y se escala montando la reunión de abajo después de montar la de arriba…

Garmo negro. 3.051 mts.

Las mochilas llevan preparadas desde el 1 de agosto.

Cada viernes les decíamos lo mismo: “el viernes próximo, este va a llover”.

Y, este fin de semana, aunque iban a llover estrellas, parecía estable.

Así que nos fuimos para Panticosa. ¡Al monte, al monte!

Tanto tiempo de espera me permitió maquinar, y, como fui incapaz de hacerle un regalo a la jefa para su cumple, compré una mochila, la llené, la escondí (dentro de la que se suponía que iba a llevar yo) y esperé para hacerle el regalo a “hechos consumados”.

Mochilica nueva.
Mochilica nueva.

30 litros no dan para mucho, así que conseguí meter todo el fin de semana en dos mochilas de ¡¡9 kilos!! (supéralo Madclimber, si te atreves).

La tarde resultó nublada, menos mal, porque a las tres de la tarde no apetece nada andar bajo el sol.

Tres horicas de breve caminata nos dejaron a los pies del Garmo, nuestro objetivo.

Buscamos el mejor sitio para tumbarnos y montamos campamento.

Estupendas vistas, una bonita solución habitacional.

Y, a dormir; a las nueve durmiendo, a las diez viendo estrellas, a las once deseando haber nacido sin riñones, a las doce durmiendo, a la una viendo estrellas y las estrellas, a las dos descubriendo que la piedra de los riñones se podía quitar, a las tres pensando que ya no tengo edad para tonterías, a las cuatro durmiendo, a las cinco bebiendo agua (poquita, no fuera a tener ganas de mear y tener que salir del saco), a las seis viendo clarear, a las seis y media meándome mucho. Una preciosa noche.

Amanece, que no es poco.
Amanece, que no es poco.

Y, como estábamos en la vertiente buena, el sol nos calentó y ayudó a secar los trastos.

Despierta, mi bien, despierta. Mira que ya amaneció...
Despierta, mi bien, despierta. Mira que ya amaneció...

Desayuno; capucchino con sabor a la sopa de anoche, migas de galletas, bocadillo de chorizo. Recoger y, p’arriba.

Vámonos pabajo, que empieza a llegar gente.
Vámonos p'abajo, que empieza a llegar gente.

Cervecica en la Casa de Piedra, comernos los restos, cambiarnos de ropa y, p’a casica, que este fin de semana ya ha cundido.

¿La subida al Garmo? ¡Yo qué sé! Míralo por internet…

PD: hay más fotos.

¿cómo dices que ajustas los frenos?

Qu’es muy fácil.

Acercas la maneta de freno al puño, pero sin apurar, que quede holgurica, y la sujetas con cinta aislante:

Las zapatas, que para eso las estás ajustando, se quedarán así (o más separadas, según hayas cuidado la bici):

Las ajustas, pegadicas a la llanta. Y, cuando quites la cinta aislante, ya sólo tienes que tensar un poco la sirga desde la maneta.

Y, hala, a “estozolate” por ahí.

las bolsicas de plástico.

Estaba yo preparando una entradilla, para criticar esa propuesta de carrefour de alimentar a una familia por menos de 30 € al mes, cuando me encuentro esto.

Y me parece bien.

Carrefour dejará de regalar bolsas de plástico en su linea de cajas.

No hay problema, si voy a comprar al LIDL o al DIA y me llevo la bolsa de casa, para que no me la cobren…

Pero, alguna duda se me plantea:

– ¿En la frutería seguirán utilizando bolsas de plástico? ¿Si las utilizan de fécula de patata, las cobrarán aparte?

– Las bolsas de fécula se degradan en unos 180 días. ¿Si las guardo en el cajón, también se convierten en compost?

– Si ya no tenemos bolsas del carrefour para tirar la basura, tendremos que comprar bolsas de basura. ¿También las fabrican de fécula?

– Ya sólo falta disminuir los envasados individuales; evitar los productos procedentes de cultivos no ecológicos; garantizar la salubridad de los animales productores (vacas, gallinas,…), y alguna tontería más de esas que se preocupan los ecologistas esos.

En cualquier caso, me parece una actitud valiente de Carrefour (hasta donde sé son los primeros, y los únicos, que lo han propuesto). Al menos los consumidores no nos quedaremos con la sensación de que las empresas no hacen nunca nada.