Nostalgia.

Ayer recuperé mi judogui del siglo pasado (yo le calculo 1985), me lo puse, me subí a un tatami, de nuevo y, recibí mi primera clase de Aikido.

Hoy me duele casi todo el cuerpo, pero se agradece volver a practicar deporte de una forma casi continuada.

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“¡Que inventen ellos!”

Dígase en voz alta, con gesto airado y grandes aspavientos de manos.

Dígase para justificar que nos convirtamos en un país de servicios. Donde lo único importante sea construir urbanizaciones junto al mar.

Dígase en cualquier barra de bar (o emisora de radio), si es posible, vociferando y con numerosa clá.

Dígase, acompañado siempre de la coletilla: “eso para los chinos”.

Y, luego, cuando sea verdad que han inventado ellos. Dedíquese a jugar al piedra, papel y manos, porque la tijera no deja de ser un invento.

¿Facilitar accesos?, ¡Pues vale!

Suponemos ser una sociedad democrática, a veces hasta parecemos civilizados.

Asumimos que los minusválidos existen.

Reconocemos que las aceras deben tener rebajes, no sólo por las sillas de ruedas; también por los ancianos con andador, y por las sillas de bebé, y por comodidad en general.

Y vemos que los empresarios parecen esforzarse en normalizar los accesos a sus establecimientos.

Y, si no hay acceso fácil, se prepara una rampa, y se advierte de su existencia.

Como en el ejemplo:

Que, para los que no lo vean bien, es un cartel amarillo avisando de la existencia de una rampa para minusválidos. El problema es que lo han puesto tan alto que apenas te percatas de que está.

Sin preguntarme cómo hace alguien en silla de ruedas para llamar la atención y que le pongan la rampa.