Visibilidad imperfecta.

El domingo pasado salimos al monte.

Un curso de la Universidad.

Sólo pude hacer una foto.

El grupo al completo, detrás el Midi (creo).

No pudimos hacer otra cosa que deambular un poco, por suerte no perdimos a nadie.

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Comerciales.

– ¿por favor, está el gerente?

– Yo mismo, (sonrisa de estar mintiendo) ¿qué quieres?

– Mire, es para ofrecerle…

– ¿Tú eres el gerente de tu empresa?

– No, pero le llamo para…

– Yo no hablo con subordinados, si queréis hablar conmigo, que se ponga el gerente.

– Ya, pero,…

– Cuando quiera tu gerente que me llame. – (cuelgo el teléfono).

¿Qué les llevará a pensar que los gerentes están para atender comerciales?

No lo entiendo.

Pero, aún así, el mejor fue uno que me llamó en los siguientes términos:

– ¡Oye! ¿está el jefe? No me acuerdo como se llama…

– Ernesto (sonrisa irónica, no hay nadie que se llame Ernesto, la próxima vez le diré Epaminondas, Agamenón, Lisístrata, …). No, no está, ¿qué querías?

– Nada, para comentarle una cosa de la empresa.

– Dímela a mi.

– No, que es para hablar con el directamente. Ya llamaré otro día…

Y, a los dos días llama otro individuo:

– ¡Oye, pásame con Ernesto!

– No está, ¿qué querías?

– Nada, para comentarle una cosa de la empresa.

– ¿de qué empresa?

– de la suya.

– Ya, ¿y no me lo puedes decir a mi?

– No, es que a él lo conozco hace mucho y quería hablar con él.

– Ya, si eso le digo que te llame (cuelgo, y me quedo con las ganas de decirle cuatro animaladas).

Sé que es su trabajo, pero interrumpen el mío. Y, si vienen de cara, puedo hasta escuchar su oferta, pero por la espalda no, amigos, por la espalda no.