¿Y, porqué no decirselo, también, a la vecina?

Decía mi abuela que el que tiene padrino, se bautiza.

Eso no ha cambiado mucho en estos años. Aunque, ahora tendemos a ser más ateos (¿o lo correcto es decir laicos?) , la máxima sigue siendo vigente, en este caso en lo que se refiere a trabajos (remunerados).

También es cierto que, en los pueblos (y vivimos en uno bastante grande) siempre han importado más las apariencias que las realidades.

Las redes sociales nos permiten abrir nuestras vidas a gente que no conocemos, pero, en esencia, seguimos siendo celosos guardianes de nuestra vida privada.

¿Porqué? Parece que pensamos que si a los vecinos (o a los tíos, o a fulanito) le contamos que nuestra empresa va mal, (como todas, claro) nos empezarán a mirar por encima del hombro.

Pienso que no, cuando le dices a un amigo: mi trabajo peligra, le estás diciendo: “si te enteras de algo, avísame”. Y tu amigo, si se entera de algo, te avisará. Pero sólo tienes un frente abierto.

Si se lo cuentas a tu vecina, puede que empatice contigo, o puede que sea una mala bruja y lo chismorree por ahí. También puede que ese chismorreo llegue a alguien que te conozca, que tenga algo interesante para ti y que, hasta ahora no se haya planteado “darte un toque”. Redes sociales reales.

Por esta vez, utilicemos a la “cotorra” en nuestro favor, que ya va siendo hora de que nos devuelva los años que llevamos soportándola.

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