Si vamos a trabajar, no me invites a comer.

Las comidas de trabajo siempre me han descolocado.

Me gusta comer y me gusta hablar, pero, no puedo hacer ambas cosas a la vez. Y no sólo por mi incapacidad manifiesta de coordinar dos movimientos simultáneos.

Es por un problema de comunicación. La comunicación no fluye mientras se come.

“Sabes…” cucharada, deglución, “… ayer comenzamos…”, cucharada, deglución. Pausa para trago (y paso atrás). Cucharada… ¿Quién sigue una conversación así?

¡Y cuando te toca hablar! Siempre te pilla con la boca llena, intentas tragar a toda velocidad y tu “oponente”, ante tu silencio, lanza otra pregunta.

Pregunta que no puedo responder, ya que estoy pensando si no me habré equivocado al pedir. Todos sabemos que está mejor lo del plato del otro.

O cuando te empiezan a dar datos que deberías anotar, y como el tenedor raya la pantalla de la pda… Si no se te ha manchado de vino o de sopa. En esto último soy especialista, incluso cuando ningún comensal ha pedido sopa.

No, durante una comida de trabajo no se puede trabajar. Hay que esperar, por lo menos, al café.

Hay otro momento gastronómico que debería ser evitado: cuando estás de pie y  llevas un bocadillo en una mano y una cerveza en la otra. No sabes que hacer con ellos, ni con las manos. Te parece de mala educación lanzar un bocado y no lo haces porque tu interlocutor no se decide a terminar las frases. Y cuando muerdes, es cuando termina la frase y espera tu respuesta. Y te pilla, con la cerveza calentándose, el bocadillo enfriándose y con ganas de terminar la conversación.

No, no me lleven a comer para hablarme de trabajo.

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Un comentario en “Si vamos a trabajar, no me invites a comer.

  1. Pues anda que un listo que quería clases de inglés MIENTRAS comíamos, y tardó varias sesiones en darse cuetna de que era mejor que comiera algo rápido y luego hiciéramos la clase.

    Y lo mal que lo llevaba yo como intérprete en comidas de negocios. Mientras uno hablaba, el otro comía y viceversa. Menos yo, que tenía que escucharles de verdad y traducir a uno y otro. Con uno de mis jefes, al menos tuve la suerte de que parara de vez en cuando con su famoso “¿Paramos un momento, o nos comemos nosotros la comida de Áurea?” 😀

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