@vodafone_es. Lo importante es escuchar.

El caso es conocido, ya que todos lo hemos vivido (ora en carne propia, ora en amigos cercanos) desde que las compañías telefónicas entraron en nuestras vidas.

Los hechos. en octubre cambié mi situación laboral añadiendo un des al empleo que desarrollaba. Como había buena relación y mi número de teléfono estaba muy propagado, solicitamos a Vodafone un cambio de titular.

El comercial que nos atendió, ni nos habló de permanencia, ni nos ofreció terminales: “En dos días te llaman y te dan lo que quieras” (yo tampoco me lo creí).

Visto que, ni me llamaban, ni me convencían las tarifas, solicité mi portabilidad a una compañía más barata.

Llamada, esta vez sí, para ofrecerme contraoferta de tarifas. De nuevo se omitió el asunto de la permanencia.

Y, al mes de realizado el cambio de compañía, encuentro un cargo en cuenta por 244 €. Sin factura (las anteriores sí habían llegado).

Devuelvo el recibo y espero.

A los pocos días, llamada del departamento de cobros. Relato de la historia y, según dicen, me reenvían la factura.

A los días, de nuevo llamada, la factura no llega pero “vodafone entiende que está bien facturado”.

Me llega, esta vez sí, una carta de la empresa de cobro de morosos.

Y, en un cruce de Tweets con @white3650 quejándonos de nuestras respectivas compañías, encuentro una inesperada respuesta de @vodafone_es, interesándose por la situación.

Hacemos un intercambio de tweets y a los pocos días recibo la llamada de Vanesa, del departamento de Satisfacción del cliente de Vodafone.

Ayer recibí la factura de abono de 236 €.

Cuando comencé la “lucha” no confiaba en absoluto que resultara fácil. Sin embargo, una conversación entre amigos, desencadenó una conversación de “atención al cliente” que ha generado satisfacción.

Luego dicen que las redes sociales no tienen sentido para las empresas.

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¿Hacia dónde vamos?

Hablar de tendencias en el 2.0 es propio de presuntuosos y de gurús (aunque “gurú presuntuoso” son dos palabras que no he escuchado nunca juntas)

Antes de aventurar el futuro, deberíamos estudiar el pasado. Los últimos veinte años conformarían un muestrario adecuado. El hecho de que la web se considere 2.0 desde hace poco más de cinco años es irrelevante.

Si ha muerto “Second Life” nada es eterno. Eso y que el papel está acabado son verdades incuestionables.

Pero, desde mi pedestal de pedante pedestre, voy a aventurar cinco tendencias hacia las que se dirigirá el Social Media en un futuro próximo, en los próximos seis meses más o menos.

– 1ª tendencia: Mashup. Todas las redes estarán imbricadas e interactuarán entre si. No importará tanto que seas de esta o de aquella. No necesitarás tener dieciséis perfiles diferentes. Toda tu información será compartida y pública (incluso aunque no lo desees). Seguramente google será propietario de todas ellas.

– 2ª tendencia: Everywhere. La geolocalización dejará de ser tendencia para convertirse en hábito. Resultará imprescindible la muestra continua de tus movimientos. El móvil sustituirá a los brazaletes de localización. Imprescindible para tus amigos, para tu mujer y para la banda de sicarios que quiere secuestrarte (es posible que los haya contratado google, por resistirte a utilizar sus aplicaciones).

– 3ª tendencia: Up-to-date. Los dispositivos estarán configurados para acceder a las redes de forma predeterminada. Sin pasos intermedios. Android y Chrome serán mayoritarios en todos los dispositivos. Apple mantendrá la cuota de mercado, pero sus apps serán de pago (y puede ser que las programe Google).

– 4ª tendencia: FeedBuzz Syndrome. La ingente cantidad de información que podríamos perder en un sólo minuto sin conexión, creará una nueva patología psiquiátrica. Google Pharmacians destinará gran parte de su presupuesto a crear medicamentos paliativos. Las clínicas de desintoxicación sólo podrán ser localizadas con Google maps.

– 5ª tendencia: CONQUISTAR EL MUNDO. Pero, en realidad, esto no pasará nunca. No. ¿Quién va a querer conquistar el mundo? ¿Google?


La princesa en su torre.

“Eba una bez”… una princesa que vivía en su alta torre. En el centro de un gran castillo rodeado de fosos y zarzas.

La princesa, que se llamaba Granmarca, llevaba años viviendo de la imagen que sus antecesores habían creado.

Pero, la princesa, como todos los que están arriba, no podía vivir sin comprobar, a diario, que seguía siendo la más importante.

“¿Espejogle, espejogle, quien es la princesa más famosa y conocida del mundo?”

Hace pocas noches, un alarido recorrió el castillo. El gabinete de crisis acudió a la alcoba de la princesa, que lloraba desconsolada.

“¡Estoy en la cuarta posición….! ¡En la cuarta!”

“Pero eso es imposible, princesa.” Dijo el consejero Directorgeneral.

El consejero Relacionespúblicas contestó: “Ayer mismo envié a mis heraldos, casa por casa, para recordar a todo el mundo lo maravillosa que sois princesa Granmarca.”

“¡Pues mi popularidad ha bajado! ¡Y mucho!” Gritó la princesa. “Mago Marketín, haz algo.”

“Antes de tomar una decisión, deberíamos enviar encuestadores a todas las aldeas, para saber que piensa la gente.” Dijo el mago Marketín.

“Pero, eso llevará demasiado tiempo.” Replicó el consejero Directorgeneral.

“Si me permiten”, intervino un joven paje, “todos los días bajo al mercado y recorro las calles. Desde hace días las princesas Pequeñamarca, Nuevamarca y Marcacasidesconocida, están en el mercado. Hablan con la gente, les preguntan por sus cosas. Se interesan por ellas.”

La risotada fue general. El mago Marketín tomó la palabra en nombre de todos cuando dijo: “Pequeño Dospuntocero, siempre has ido junto al consejero Relacionespúblicas, muchas veces has trasteado por mi laboratorio, y, aún así, no has aprendido nada. Si está es tu idea, es mejor que abandones el castillo.”

El joven paje abandonó el castillo.

Al día siguiente los heraldos de la princesa fueron expulsados de todas las aldeas.

Las zarzas continuaron creciendo alrededor del castillo hasta que impidieron la entrada (y la salida) del castillo.

La princesa sigue en su torre. Cada noche grita desesperada, aunque ya no consulta su popularidad. Sería inutil, nadie se acuerda de ella.

El márketin es cosa de niños.

Me llamo Santi, tengo siete años. Mi hermana tiene cinco.

Me ha despertado un tipo calvo y tirando a gordo que se parece mucho a mi abuelo, (debe ser alguien de la familia, porque es muy mayor), que dice que viene del futuro y que soy yo dentro de unos años (no se lo cree ni él, con el pelo tan majo que tengo ahora).

Dice que quiere que les hable a los del futuro de marketing, que es una cosa que dará mucho que hablar.

En fin, para que se vaya pronto daré dos ideas y luego que investiguen, que seguro que tienen unas enciclopedias buenísimas con fotos en color y todo.

1- La competencia no existe: y esto lo sabemos todos los que tenemos hermanos. Los niños somos atenciónadictos. Siempre queremos que los mayores nos hagan caso. Cuanto más caso mejor. Esto es fácil mientras eres hijo único, pero cuando nace el pequeño, hay que mantener el estatus.

Al principio pensamos que ya cambiará todo, que total, si es tan pequeño, no le harán mucho caso. Luego te das cuenta de que no, que ha venido para quedarse.

Bueno, sigue sin haber problema. Tú ya has marcado tu territorio. Sabes cuándo llamar, qué decir… pero, resulta que el moñaco es listo y lo que hace es… ¡Lo contrario de lo que tú haces!

De repente descubres que tu hermana pequeña está ocupando un nicho de mercado que tú habías dejado descuidado. Y lo ha hecho antes que tú, y tú no puedes comportarte como ella, ya que lo único que consigues es rechazo.

Resumiendo; La competencia no existe, lo que pasa es que tienes que buscar tu sitio.

2- Los papás no están para defenderte si “el nuevo” te ataca. Si discutes con tu hermana por el mismo juguete, lo que te puede pasar es que os lo requisen a ambos. Si tu objetivo es que ella no juegue, puede que te sientas ganador, pero, si realmente lo querías, has perdido.

Así que, sólo te queda una opción, negociar.

Eso que me cuenta el calvo este de los artistas y las descargas ilegales, que no sé lo que son, pero que está claro. Son hijos únicos que cuando tienen un problema “se chivan” a sus papás.

Agradezco a Neil Revilla la idea original.

Si vamos a trabajar, no me invites a comer.

Las comidas de trabajo siempre me han descolocado.

Me gusta comer y me gusta hablar, pero, no puedo hacer ambas cosas a la vez. Y no sólo por mi incapacidad manifiesta de coordinar dos movimientos simultáneos.

Es por un problema de comunicación. La comunicación no fluye mientras se come.

“Sabes…” cucharada, deglución, “… ayer comenzamos…”, cucharada, deglución. Pausa para trago (y paso atrás). Cucharada… ¿Quién sigue una conversación así?

¡Y cuando te toca hablar! Siempre te pilla con la boca llena, intentas tragar a toda velocidad y tu “oponente”, ante tu silencio, lanza otra pregunta.

Pregunta que no puedo responder, ya que estoy pensando si no me habré equivocado al pedir. Todos sabemos que está mejor lo del plato del otro.

O cuando te empiezan a dar datos que deberías anotar, y como el tenedor raya la pantalla de la pda… Si no se te ha manchado de vino o de sopa. En esto último soy especialista, incluso cuando ningún comensal ha pedido sopa.

No, durante una comida de trabajo no se puede trabajar. Hay que esperar, por lo menos, al café.

Hay otro momento gastronómico que debería ser evitado: cuando estás de pie y  llevas un bocadillo en una mano y una cerveza en la otra. No sabes que hacer con ellos, ni con las manos. Te parece de mala educación lanzar un bocado y no lo haces porque tu interlocutor no se decide a terminar las frases. Y cuando muerdes, es cuando termina la frase y espera tu respuesta. Y te pilla, con la cerveza calentándose, el bocadillo enfriándose y con ganas de terminar la conversación.

No, no me lleven a comer para hablarme de trabajo.