Mi primer maratón Chispas.

Ayer corrí mi primer maratón.

Hoy, con la adrenalina un poco más sosegada, y empezando a sentir las piernas, voy con la crónica.

Tenía pensado correrlo a los 50, por aquello de los números “especiales”, pero tuve una oportunidad y me acordé de una frase que siempre decía mi abuela: hazlo ahora, que hay muertes repentinas.

En algún momento de la carrera, cuando entras en modo Hamster en la rueda y dejas que tus piernas vayan solas, me planteé qué coño estaba haciendo, un domingo por la mañana, enfrentándome a una prueba larga y dura.

Ese momento en el que la cabeza vuela, vienen los recuerdos.

Empecé en 2013. Me estaba poniendo muy fondón, y Marisa me regaló unas zapatillas de correr. Un regalo de cumpleaños casi envenenado.

Y empecé a correr. Si Lucas se denomina corredor “gordaco” ( y barefooter) yo también puedo (incluso descalzo, poco, que tengo los pies tiernos).

Y Mariano que me hizo de liebre en mi primera carrera seria, y casi me desfonda, pero consiguió que me picara el gusanillo.

Y conocí al equipo Pikolín, un gran grupo para entrenar. Aprendí a hacer series, a tomarme lo de correr en serio.

Y con ellos conocí a Kike. Un gran tipo.

Tan grande que ayer me permitió compartir carrera con él.

Tan grande que cuando mi hija se acercó para entrar a meta con nosotros se quedaba un paso atrás.

Tuve que cogerle de la mano para entrar con él. 42.195 metros compartidos. 4 horas y diez minutos corriendo juntos. Teníamos que entrar juntos en meta.

Nuestra primera maratón.

 

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Camino a Santiago.

Nota del autor: Si te quieres ahorrar la lectura, puedes ir a las fotos: (para los que no saben navegar por internet; ESTA foto es la que hay que pulsar para ir a la galería)

¿Nos vamos a recorrer el camino de Santiago?

Para mi es sencillo, comenzó hace bastante más de cuarenta años en la calle Palafox…

No, el de Santiago, de Compostela.

[mode apuntarseaunbombardeo ON] ¡Vale! [mode ¿yasébienloquehago? ON]

Así que, como en toda aventura moderna, lo primero es consultar Internet.

Visitar páginas, leer foros, bajar fotos y, olvidar todo lo leido y visto, dejar los apuntes en un rincón y lanzarse al mundo, que para eso es aventura.

Por supuesto, la preparación es importante, listado de material, pesaje…

y llevar lo que te da la gana, porque a última hora te pilla el tren y no has preparado la mochila.

Salimos tarde de Zaragoza. Tuvimos que pasar noche en León. Que tiene un barrio que no sé porque llaman Húmedo, a la mañana siguiente tenía mucha sed…

Y de León a Galicia, lluvia. “Muchisma” agua. Tanta, tanta…

… que pensé que nos había tragado un agujero negro y habíamos llegado a Orlando…

Pero no, tras recorrer el pueblo, conseguir el papelico donde nos pondrían los sellos, pasar tres veces por delante del coche para asegurarnos de que estaba bien aparcado, preguntar dos veces y comprar plátanos en el Dia%, encontramos el camino.

 

No sabía si meter pecho o sacar tripa, así que la foto ha salido, como ha salido…

Y, china chana, comenzamos a caminar.

¿Ya he dicho que he pasado tres veces por delante del coche? Pues eso, al (buen) rato de estar caminando decido que me lo he dejado abierto.

¿Seguro? ¿Abierto? Seguro, abierto. Así que tomo la decisión lógica “que me bajo, cierro y vuelvo…”

En efecto, estaba cerrado y bien aparcado. Gracias por confiar en mi intuición.

Pese a mi mismo conseguimos llegar a 99 Km de nuestro objetivo.

 

 

Que ya sé que “el mínimo” son 100 kms, pero el mojón del 100 estaba lleno de “Señoras que se hacen foto en el Km 100 y no dejan que nadie se acerque”.

También encontramos albaricoques cerca.

Sólo uno y anunciado así, tenía que ser espectacular.

Al principio piensas que te has equivocado al elegir el equipo,

pero la realidad te demuestra lo contrario.´

Pensé ir fotografiando la basura que había tirada por el camino

 

pero comprendí que no tendría memoria suficiente.

La primera etapa va llegando a su fin.

Pasas el puente y empatizas con Rocky.

 

Debía ser el cansancio, pero no acierto a descubrir el deporte que se ve desde estas gradas:

 

Noche en el albergue, calor, ronquidos, ronquidos, calor, despertarse todos a la vez… ¡Vámonos!

En cuanto clareó tuvimos que rendirnos a la evidencia.

 

Estábamos ahí.

Segundo día sin mucho problema, buen ritmo, pies bien. Y llegamos a Palas.

 

Salvo por la multitud que esperaba a sellar la credencial. No me gustan las aglomeraciones.

El tercer día de camino, nos esperaba un santo de gran devoción en Galicia.

 

San Pulpo, venerado en varias “parroquias” de Melide.

Y tras una etapa de continuas subidas y bajadas llegamos, por fin, a Arzua.

 

Leyenda del camino:

Van un japones y uno de las Cinco Villas y, de cada cacharro que ven en el suelo dice el japonés: ” con eso, en mi país, hacemos un tomavistas”, ” con eso, en mi país, hacemos una placa solar”… Y le dice el de las Cinco Villas, “pues con esa chapa de cerveza, en mi pueblo hacemos un tren”. “¡No me lo creo!”. “Cógela”.

Y cuando se agacha el japonés, lo sodomiza. “¡Chácala, Chacala!”. “¡Piiii, piii!”

La prueba de que es cierto:

 

La principal ventaja del camino es que no necesito acordarme de mi nombre.

 

Se repetía la costumbre, andar, dormir, ronquidos, ronquidos, andar….

Hasta que empieza a terminarse el camino.

 

Es cierto, desde el Monte do Gozo, se ve Santiago.

 

La Catedral no se ve bien, la tapan unos árboles. Propuse talarlos y nadie me secundó.

Al parecer mi incontinencia verbal es legendaria, así que J.R. Lucas mandó una unidad móvil para entrevistarme.

 

Bueno, igual no fue así del todo, pero estuve un ratico hablando por la radio.

Algo se debían temer, ya que a la segunda pregunta se cortó la comunicación. En fin.

Ya sólo quedaba bajar, media horica (el tiempo perdido con la radio, había que recuperarlo)

 

Buenos recuerdos del camino. Tuvimos suerte de encontrarnos con gente muy maja; Ramón, andorrano de Barcelona;  la “coja” de Gerona y su hermano; Ricardo el Malagueño; Sergio;  las chicas de Santiago; los colombianos;  los del Juana Tour; la alemana. Hasta las del grupo de “faithbook” y la señora, operada de la risa, que pensaba que todo el mundo se le colaba.

Y, por supuesto, los compañeros de viaje, Marisa, inseparable, y Lino y Toni, que intentaron seguirnos el ritmo (pobretes).

Mochilas para niños.

Acabo de apuntar a la hija a los boyescaus (yo lo digo así). Y, se me ha planteado una duda de material. ¿qué mochila le compro?

Hasta ahora hemos hecho excursiones de día. Para eso tiene su mochila pequeña (unos 12 litros, tirantes y espalda adecuados a su altura…) pero, ahora empieza a salir de fines de semana, y no vamos sus padres para llevar lo “gordo” de la carga.

Así que, he recibido un golpe de humildad y, pese a tener muy claro el tipo de mochila (y material) que puede necesitar un mardano de 80 kilos para vivaquear en altura, he tenido que reconocer que no sé (aún) qué mochila necesita.

Analicemos.

¿Cuál es la actividad principal? Caminar con la mochila preparada para el fin de semana.

¿Caminatas muy largas? No, al menos en principio. De momento no va a utilizar la mochila para “andar” con ella todo el fin de semana, sino para ir al lugar donde acampen desde el autobús.

¿Qué lleva dentro? Saco, algo de ropa, plato y tazón, cantimplora. (unos cuatro kilos, un 20% de su peso, quizá demasiado).

Resumo, pues.

Necesita una mochila ligera, sin “adornos” (no necesita portapiolet, ni veinticinco daisys para colgar cacharros).

Al menos un par de bolsillos, que le evitarán desmontar la mochila cada vez que necesite algo.

Y, aunque sé que un saco, en su bolsa de compresión se reduce mucho, una niña de siete años no tiene la misma fuerza que el mardano de antes.

Así que, el volumen debería ser suficiente para alojar un saco (no demasiado bien comprimido), y el resto de material del fin de semana.

Como, además, hasta dentro de cuatro o cinco años no empezará a usar la mochila “de verdad”, mi consejo es:

Una mochila entre 40 y 50 litros, Con unos tirantes no demasiado largos, sin estructuras internas (pero bien acolchada), con uno o dos bolsillos exteriores (en la tapa suelen llevar otro bolsillo) y  con cintas de ajuste de volumen.

Accesorios que hacen más cómodo el transporte de la mochila: un cinturón acolchado (ojo, no muy ancho) y rappel de carga (esto son las cinticas esas que unen los tirantes con el tape de la mochila).

Unas cuantas opciones:

Altus Treking 50 o kit excursión, y esta, que por precio es una buena opción, del decartón.

Claro, lo mejor es la bolsa de Sport Billy, pero los niños de ahora no lo conocen, así que tendré que usar sus referentes.

Garmo negro. 3.051 mts.

Las mochilas llevan preparadas desde el 1 de agosto.

Cada viernes les decíamos lo mismo: “el viernes próximo, este va a llover”.

Y, este fin de semana, aunque iban a llover estrellas, parecía estable.

Así que nos fuimos para Panticosa. ¡Al monte, al monte!

Tanto tiempo de espera me permitió maquinar, y, como fui incapaz de hacerle un regalo a la jefa para su cumple, compré una mochila, la llené, la escondí (dentro de la que se suponía que iba a llevar yo) y esperé para hacerle el regalo a “hechos consumados”.

Mochilica nueva.
Mochilica nueva.

30 litros no dan para mucho, así que conseguí meter todo el fin de semana en dos mochilas de ¡¡9 kilos!! (supéralo Madclimber, si te atreves).

La tarde resultó nublada, menos mal, porque a las tres de la tarde no apetece nada andar bajo el sol.

Tres horicas de breve caminata nos dejaron a los pies del Garmo, nuestro objetivo.

Buscamos el mejor sitio para tumbarnos y montamos campamento.

Estupendas vistas, una bonita solución habitacional.

Y, a dormir; a las nueve durmiendo, a las diez viendo estrellas, a las once deseando haber nacido sin riñones, a las doce durmiendo, a la una viendo estrellas y las estrellas, a las dos descubriendo que la piedra de los riñones se podía quitar, a las tres pensando que ya no tengo edad para tonterías, a las cuatro durmiendo, a las cinco bebiendo agua (poquita, no fuera a tener ganas de mear y tener que salir del saco), a las seis viendo clarear, a las seis y media meándome mucho. Una preciosa noche.

Amanece, que no es poco.
Amanece, que no es poco.

Y, como estábamos en la vertiente buena, el sol nos calentó y ayudó a secar los trastos.

Despierta, mi bien, despierta. Mira que ya amaneció...
Despierta, mi bien, despierta. Mira que ya amaneció...

Desayuno; capucchino con sabor a la sopa de anoche, migas de galletas, bocadillo de chorizo. Recoger y, p’arriba.

Vámonos pabajo, que empieza a llegar gente.
Vámonos p'abajo, que empieza a llegar gente.

Cervecica en la Casa de Piedra, comernos los restos, cambiarnos de ropa y, p’a casica, que este fin de semana ya ha cundido.

¿La subida al Garmo? ¡Yo qué sé! Míralo por internet…

PD: hay más fotos.

Dicen que se gafan…

…pero creo que no es cierto.

Que si cuentas los proyectos no salen.

Pero, si tienes que colocar a dos niñas, preparar excursión, buscar alojamiento…

A alguien hay que contárselo.

Así que, no me creo que el mal tiempo que se espera el domingo haya sido por haber contado que me voy al monte con la jefa.

Ni por haber pasado por debajo de una escalera, en la que estaba subido un gato negro, después de romper un espejo, y tirar un salero…