El insomnio es un bicho “mu” malo…

… no lo mata ni piedra ni palo.

Y te despiertas a media noche, o te cuesta conciliar el sueño.

Claro, lo primero que se te viene a la cabeza es que estás “disfrutando demasiado de la Nesspreso.

Pero sabes que no es cierto. Porque hace tres días que se han acabado las cápsulas de prueba y la Visa no te permite reponerlas (aún) y, porque todo el rato que llevas despierto estás pensando en el trabajo.

Así que, aunque eres propenso a las letras (y las financiaciones), sabes sumar y: No dormir bien + pensar en asuntos laborales= despertarte con “muchismo” sueño.

Hoy, en atención a mis amigos insomnes, y a los que no saben que lo son porque aún no se han enterado de lo de la crisis, voy a dar unos consejos gratis (para que nadie me achaque lo de “consejos vendo que para mi no tengo).

El principal problema que tenemos al intentar conciliar el sueño es que sabemos hablar. Es cierto, cuanta más soltura tienes en el manejo del lenguaje más pensamientos puedes hilvanar a la vez.  Te anticipas a sucesos futuros, eso te crea frustración y angustia. Repasas de nuevo tu actitud y entras en una espiral cada vez mayor.

¿A qué nos lleva esto? A comprender que si controlamos nuestro pensamiento controlaremos los sentimientos. Si no pienso en lo que me angustia, no me frustro.

Pero, contra un pensamiento no se lucha (¿A que no puedes no pensar en un oso polar?) Lo que hay que hacer es sustituirlo. Cambiarlo por un listado de recuerdos o proyectos que nos agraden. Mantener esa sustitución al menos durante 15 segundos, y, cada vez que nos apercibamos de que volvemos a caer en una espiral, sustituir.

¡Vale, estupendo! Sustituir pensamiento por pensamientos. ¡Te has cubierto de gloria! ¡Has inventado el hilo negro!

No, no he dicho nada que no se pueda hacer, pero, hay que practicar. Y para practicar, ejercicios:

  • Restar de tres en tres, no elijas un número pequeño, al menos cinco cifras.
  • Sumar matrículas (esto es difícil hacerlo en la cama, claro, pero puedes pasar tu insomnio asomado a la ventana).
  • Cualquier operación matemática (raíces cuadradas, porcentajes, multiplicaciones y divisiones de varias cifras)
  • Citar diez elementos de un conjunto.

¡Oiga, oiga, oiga! ¿ Y los de letras, qué?

  • Deletrear palabras al revés.
  • Externalizar, verbalizar, describir con detalle lo que oímos o sentimos en nuestro exterior)

Y, sobre todo, no olvidar nunca la frase que puede marcar la diferencia entre el sueño reparador y la noche tortuosa: ¿Qué importancia tendrá esto para mi dentro de un año?

Pues nada, que tengáis felices sueños.